El último gran viaje (25 Diciembre 2014… febrero 2015) era la
ruta entre 3
países: Colombia, Panamá y Costa Rica. 35 días repartidos sobre todo entre el
primero y el tercero, dejando Panamá como un paso obligado. Esa era la idea
previaje pero como suele pasar el protagonismo estuvo repartido de manera
diferente, así que Colombia fue sin duda el plato fuerte, seguido de cerca de
la experiencia de 6 días de ensueño en Panamá (4 de ellos en el paraíso) para
acabar en una Costa Rica preciosa pero relegada a la cola del ránquing.
La
llegada a Bogotá después de un viaje
laaaaaaaaargo con 2 trasbordos, el 2º infernal en NY, fue de lo más amable. Nos
esperaba Lina, gran amiga que después de … años primero en Italia y después …
en Barcelona, había vuelto a Colombia. Nos acogería en su casa pero también estaba
dispuesta a vivir con nosotros algunas aventuras en su propio país. Y es que
Colombia todavía es muy desconocida para
gran parte de los colombianos. Hay zonas de selva remota tanto de
Amazonas como …. Como el tapón del Darién (frontera con Panamá y que hace
imposible su paso por tierra). Algunas de estos lugares cerrados a las visitas
bien por no tener las infraestructuras mínimas para poder entrar o con
frecuencia por ser zonas demasiado peligrosas territorio de guerrillas recién
ahora en la última década se empiezan a abrir con ciertas garantías.
Uno
de esos lugares antes cerrados y donde ahora se montan trekings de 4,5 o 6 días
siempre guiados, es Ciudad Perdida (Teyuna en su nombre indígena) el motivo que
nos empujó a pensar en Colombia como nuevo destino de vacaciones. Concretamente
fue a raíz de una pregunta que confieso tonta que le hice a Francesc, quien
había estado un año de viaje por países americanos; le dije “qué es lo que más
te ha gustado” y lo sorprendente fue que su respuesta fue rápida y clara: “sin
duda Ciudad Perdida en Colombia”.
Había
que conocer más sobre esa enigmática ciudad así que para qué te quiero google,
tanto Gonzalo como yo empezamos a buscar información. Era bastante chocante ver
cómo las opiniones en los foros eran tan unánimes “ lo mejor que he visto”,
“maravilla desconocida”… era como sentirte al margen de una realidad que mucha
gente compartía y tú de ignorante mirabas de reojo.
Así que alrededor de Teyuna se
gestó el nuevo viaje.
Pero
sigo mejor con la primera parte de Colombia que no es sino su capital, Bogotá.
Nunca vi una ciudad más atascada por el tráfico y eso que la puedo comparar con
ciudades como Ciudad de México o Nueva
Delhi pero el problema que viven en Bogotá con la movilidad no tiene nombre.
Para moverse incluso en distancia corta hay que armarse de paciencia y más
paciencia y aún así creo que acabará por desesperarte. Y eso que nosotros
llegamos en plena época navideña donde incluso el pico y placa (un día conducen
las matrículas pares y otro las impares) no está vigente porque hay mucho menos
tráfico. En fin, que superado el cómo
moverse, hay que hablar de un centro histórico muy bonito: el barrio de la
Candelaria. Mezcla de casitas coloniales y restaurantes de buenísima comida
colombiana, con un aire más de moda.
fotos
La
comida en Colombia merecería un capítulo aparte, sobre todo por lo rica en
variedad de frutas de nombres extrañísimos: lulo, guanábana, pitaya, y sus
correspondientes jugos que eran una delicia. Para mí el de guanábana era el
mejor.
Foto frutas collage
Disfrutamos de ellas (las frutas)
todo el viaje y nos las trajimos en mente para incorporarlas al menú de La
Hamaca, la zumería de Gonzalo.
Además de las frutas platos
abundantísimos de sancocho (caldo de pollo), …, o la bandeja paisa, a pedirla
sólo con mucha hambre. Como en colombia no comimos en ningún sitio.
El viaje continuó hacia lo que
llaman Eje Cafetero, integrado por diferentes pueblos y ciudades en el camino
entre Bogotá y luego ya en línea vertical hasta Medellín. Los nombres más
conocidos son: Armenia, Finlandia, Salento, Pereira, Santa Rosa de Cabal,
Manizales.
El Eje del Café
Llegamos a Armenia después de
pasar por paisajes de montaña que te dejan pegada a la ventana sin que ninguna
película de autocar pueda superarlos en interés. Sin embargo Armenia no tiene
demasiado atractivo. Es una pequeña ciudad que se mueve rápido con mucho
comercio y sin demasiadas cosas en las que pararte. Es el punto de partida de
Salento que esta sí es una de las primeras grandes recomendaciones de este
viaje. Un pueblito que parece sacado de un libro de García Márquez y que te
envuelve con sus colores. Pasear por el pueblo ya es algo que merece un día
entero, además es obligada la visita a una hacienda para conocer cómo viven y
han vivido allí durante tantos años. Nosotros visitamos la Hacienda de San
Elías, con el placer de conocer en el último momento al propio Elías. Vimos
cómo crece el café, cómo se recolecta y después los pasos que sigue (múltiples)
hasta la molienda. Bueno, de hecho hasta la taza (foto), bien podríamos llamar
a esta foto “el aroma de Colombia”.
Para cenar fuimos a “donde …”
foto y recomiendo.
En Salento hay otras dos cosas
obligadas para hacer además de conocer una hacienda, comer trucha y visitar el
Valle de Cocora.
Cocora fue una princesa (al
lado de una foto)
Adentrarse en el Valle se puede
hacer de varias formas, hasta cierto punto en coche, típicos coches
descapotables de la 2ª guerra mundial,… caminando todo lo que quieras (hay
quien hace excursiones llegando a un nevado incluso) y en caballo. Escogimos
esta última para poder en un solo día adentrarnos lo más posible y volver sin
desfallecer. Yo creo que fue una buena opción, con los caballos pudimos llegar
hasta la casa de los colibríes , un pequeño descanso y volver. De verdad que
vale la pena. Valle de Cocora apuntado como segunda recomendación importante.
Los siguientes pueblos del Eje
fueron un poco de paso, tan sólo nos paramos más tiempo e hicimos noche en
Santa Rosa de Cabal. Había unas termas que eran muy populares ya que todo el
mundo nos hablaba de ellas y nos fuimos hacia allí. El centro de Santa Rosa es
bonito, encontramos un par de plazas con un kiosco y algunas calles adoquinadas que dan ese aire de
centro colonial de tantas pequeñas ciudades, a mí personalmente me gustan
mucho. Íbamos un poco apurados de tiempo para nuestros planes, el hecho de
estar allí en periodo navideño nos obligó a dejar atadas algunas cosas como un
vuelo que saldría de Medellín a Santa Marta al límite del fin de año. Así que para visitar los baños sólo quedaba
la opción de una sesión nocturna, tenía a priori su encanto y fuimos. Bueno, la
experiencia podría tener muchos adjetivos pero no acabo de encontrar el idóneo,
por lo pronto se me ocurre que “curiosa”. Estaba a rebosar de gente, cuando
digo a rebosar quiero decir que era imposible caminar y menos nadar por las
piscinas de agua termal sin rozarte continuamente hasta llegar al borde. Pasado
un poco el impacto inicial hay que decir que te dejas llevar por el entusiasmo
colectivo, música caribeña a todo trapo, y gente realmente divirtiéndose.
Cometimos un error grande que fue no llevar ropa de abrigo o incluso alguna
toalla más, así que o bien estábamos dentro del agua caliente o muérete del
frío que hacía aquella noche.
En fin, de verdad las termas
fueron toda una experiencia. Allí confundirían a Gonzalo con un famoso cantante
de corridos: nombre . Y casualidades
de la vida la persona que lo confundió la encontraríamos días más tarde en la
grande Medellín… toma ya! En cuanto al error de confundir a Gonzalo con el
famoso violinista juzgad vosotros mismos… Tengo que decir que yo un algo sí le
veo ;)
Fotos de ambos.