sábado, 22 de agosto de 2015

Colombia1: Bogotá y Eje Cafetero

El último gran viaje (25 Diciembre 2014… febrero 2015) era la ruta entre 3 países: Colombia, Panamá y Costa Rica. 35 días repartidos sobre todo entre el primero y el tercero, dejando Panamá como un paso obligado. Esa era la idea previaje pero como suele pasar el protagonismo estuvo repartido de manera diferente, así que Colombia fue sin duda el plato fuerte, seguido de cerca de la experiencia de 6 días de ensueño en Panamá (4 de ellos en el paraíso) para acabar en una Costa Rica preciosa pero relegada a la cola del ránquing.
                La llegada  a Bogotá después de un viaje laaaaaaaaargo con 2 trasbordos, el 2º infernal en NY, fue de lo más amable. Nos esperaba Lina, gran amiga que después de … años primero en Italia y después … en Barcelona, había vuelto a Colombia. Nos acogería en su casa pero también estaba dispuesta a vivir con nosotros algunas aventuras en su propio país. Y es que Colombia todavía es muy desconocida para  gran parte de los colombianos. Hay zonas de selva remota tanto de Amazonas como …. Como el tapón del Darién (frontera con Panamá y que hace imposible su paso por tierra). Algunas de estos lugares cerrados a las visitas bien por no tener las infraestructuras mínimas para poder entrar o con frecuencia por ser zonas demasiado peligrosas territorio de guerrillas recién ahora en la última década se empiezan a abrir con ciertas garantías.
                Uno de esos lugares antes cerrados y donde ahora se montan trekings de 4,5 o 6 días siempre guiados, es Ciudad Perdida (Teyuna en su nombre indígena) el motivo que nos empujó a pensar en Colombia como nuevo destino de vacaciones. Concretamente fue a raíz de una pregunta que confieso tonta que le hice a Francesc, quien había estado un año de viaje por países americanos; le dije “qué es lo que más te ha gustado” y lo sorprendente fue que su respuesta fue rápida y clara: “sin duda Ciudad Perdida en Colombia”.
                Había que conocer más sobre esa enigmática ciudad así que para qué te quiero google, tanto Gonzalo como yo empezamos a buscar información. Era bastante chocante ver cómo las opiniones en los foros eran tan unánimes “ lo mejor que he visto”, “maravilla desconocida”… era como sentirte al margen de una realidad que mucha gente compartía y tú de ignorante mirabas de reojo.
Así que alrededor de Teyuna se gestó el nuevo viaje.
                Pero sigo mejor con la primera parte de Colombia que no es sino su capital, Bogotá. Nunca vi una ciudad más atascada por el tráfico y eso que la puedo comparar con ciudades como Ciudad de México o  Nueva Delhi pero el problema que viven en Bogotá con la movilidad no tiene nombre. Para moverse incluso en distancia corta hay que armarse de paciencia y más paciencia y aún así creo que acabará por desesperarte. Y eso que nosotros llegamos en plena época navideña donde incluso el pico y placa (un día conducen las matrículas pares y otro las impares) no está vigente porque hay mucho menos tráfico. En fin, que superado el  cómo moverse, hay que hablar de un centro histórico muy bonito: el barrio de la Candelaria. Mezcla de casitas coloniales y restaurantes de buenísima comida colombiana, con un aire más de moda.
fotos

                La comida en Colombia merecería un capítulo aparte, sobre todo por lo rica en variedad de frutas de nombres extrañísimos: lulo, guanábana, pitaya, y sus correspondientes jugos que eran una delicia. Para mí el de guanábana era el mejor.
Foto frutas collage
Disfrutamos de ellas (las frutas) todo el viaje y nos las trajimos en mente para incorporarlas al menú de La Hamaca, la zumería de Gonzalo.
Además de las frutas platos abundantísimos de sancocho (caldo de pollo), …, o la bandeja paisa, a pedirla sólo con mucha hambre. Como en colombia no comimos en ningún sitio.
El viaje continuó hacia lo que llaman Eje Cafetero, integrado por diferentes pueblos y ciudades en el camino entre Bogotá y luego ya en línea vertical hasta Medellín. Los nombres más conocidos son: Armenia, Finlandia, Salento, Pereira, Santa Rosa de Cabal, Manizales.
El Eje del Café
Llegamos a Armenia después de pasar por paisajes de montaña que te dejan pegada a la ventana sin que ninguna película de autocar pueda superarlos en interés. Sin embargo Armenia no tiene demasiado atractivo. Es una pequeña ciudad que se mueve rápido con mucho comercio y sin demasiadas cosas en las que pararte. Es el punto de partida de Salento que esta sí es una de las primeras grandes recomendaciones de este viaje. Un pueblito que parece sacado de un libro de García Márquez y que te envuelve con sus colores. Pasear por el pueblo ya es algo que merece un día entero, además es obligada la visita a una hacienda para conocer cómo viven y han vivido allí durante tantos años. Nosotros visitamos la Hacienda de San Elías, con el placer de conocer en el último momento al propio Elías. Vimos cómo crece el café, cómo se recolecta y después los pasos que sigue (múltiples) hasta la molienda. Bueno, de hecho hasta la taza (foto), bien podríamos llamar a esta foto “el aroma de Colombia”.
Para cenar fuimos a “donde …” foto y recomiendo.
En Salento hay otras dos cosas obligadas para hacer además de conocer una hacienda, comer trucha y visitar el Valle de Cocora.
Cocora fue una princesa (al lado de una foto)


Adentrarse en el Valle se puede hacer de varias formas, hasta cierto punto en coche, típicos coches descapotables de la 2ª guerra mundial,… caminando todo lo que quieras (hay quien hace excursiones llegando a un nevado incluso) y en caballo. Escogimos esta última para poder en un solo día adentrarnos lo más posible y volver sin desfallecer. Yo creo que fue una buena opción, con los caballos pudimos llegar hasta la casa de los colibríes , un pequeño descanso y volver. De verdad que vale la pena. Valle de Cocora apuntado como segunda recomendación importante.
Los siguientes pueblos del Eje fueron un poco de paso, tan sólo nos paramos más tiempo e hicimos noche en Santa Rosa de Cabal. Había unas termas que eran muy populares ya que todo el mundo nos hablaba de ellas y nos fuimos hacia allí. El centro de Santa Rosa es bonito, encontramos un par de plazas con un kiosco y  algunas calles adoquinadas que dan ese aire de centro colonial de tantas pequeñas ciudades, a mí personalmente me gustan mucho. Íbamos un poco apurados de tiempo para nuestros planes, el hecho de estar allí en periodo navideño nos obligó a dejar atadas algunas cosas como un vuelo que saldría de Medellín a Santa Marta al límite del fin de año.  Así que para visitar los baños sólo quedaba la opción de una sesión nocturna, tenía a priori su encanto y fuimos. Bueno, la experiencia podría tener muchos adjetivos pero no acabo de encontrar el idóneo, por lo pronto se me ocurre que “curiosa”. Estaba a rebosar de gente, cuando digo a rebosar quiero decir que era imposible caminar y menos nadar por las piscinas de agua termal sin rozarte continuamente hasta llegar al borde. Pasado un poco el impacto inicial hay que decir que te dejas llevar por el entusiasmo colectivo, música caribeña a todo trapo, y gente realmente divirtiéndose. Cometimos un error grande que fue no llevar ropa de abrigo o incluso alguna toalla más, así que o bien estábamos dentro del agua caliente o muérete del frío que hacía aquella noche.
En fin, de verdad las termas fueron toda una experiencia. Allí confundirían a Gonzalo con un famoso cantante de corridos: nombre . Y casualidades de la vida la persona que lo confundió la encontraríamos días más tarde en la grande Medellín… toma ya! En cuanto al error de confundir a Gonzalo con el famoso violinista juzgad vosotros mismos… Tengo que decir que yo un algo sí le veo ;)
Fotos de ambos.


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